TIA MARIA: “NOT IN MY BACKYARD”
Realmente no
sabía qué título usar para escribir un artículo relacionado con el Valle de Tambo.
Nos hemos visto asediados por una serie de comentarios periodísticos que
incluyen títulos increíbles, como por ejemplo aquí algunos: “Tía maría”, “El
funeral de tía maría”, “Algunos ganan, otros mueren”, “El gobierno no sabe que
hacer con la tía”, “Muérete tú”, “Tía maría bailó la conga”, “Privatizando la
represión”, “Tía maría y los malentendidos”, “La (des) confianza en tía maría”,
“Tía maría y el gobierno lenteja”, “Suspender tía maría”, “Detrás de cámara de
tía maría”, “Cómo se criminaliza la violencia”, “Yo te mato tú me matas”. Ni
qué decir de los principales titulares y las fotografías. Algunas de impacto,
reales, otras mal intencionadas y también como dicen, con doble sentido.
NOT IN MY
BACKYARD, traducido al español casi literalmente significa: “no en mi jardín”.
Se usa la sigla: NIMBY. Generalmente se
manifiesta en los Estados Unidos y en otras partes del mundo, cuando un grupo
de ciudadanos o una comunidad se opone abiertamente a diversos proyectos privados
o gubernamentales que los puede afectar directamente. Protestas que se dan
relacionadas también con el ineficiente cuidado del medio ambiente y que tienen
un efecto positivo en buscar una mejor solución e innovadora para una
problemática. Se han presentado diversos casos en los Estados Unidos, Asia y en
Europa, comprometiendo las decisiones políticas gubernamentales y al mantenimiento
de la estabilidad democrática, cualquiera que sea la orientación ideológica que
se tenga. Estos movimientos NIMBY también se han visto criticados, aunque de
ser una preocupación local, se ha pasado a determinar cambios globales en el
plano social, económico, político y tecnológico.
Se han tenido
experiencias desde la centuria pasada y principalmente por los años setenta,
donde los gobiernos de Alemania, Francia y Suiza, quisieron instalar zonas
masivas industriales en una región conocida como Upper Rhine, así como instalar
también plantas nucleares y refinerías de petróleo, considerando que sus
procesos químicos podían contaminar el río de Basel hasta Frankfurt, naturalmente
afectando la producción de viñedos y la actividad de los agricultores. La
población se opuso y unido a los estudiantes universitarios y a los sacerdotes,
hicieron campañas, movilizaciones y huelgas, para finalmente ir a los mismos
lugares y parar la construcción. Inicialmente los consideraron como un grupo de
manifestantes que pensaban en el pasado y decían NOT IN MY BACKYARD. Este grupo
empezó el movimiento diciendo que todo esto era innecesario y con razón, por no
usar la tecnología apropiada y ser destructivo para el medio ambiente y la
sociedad. (Ver según la investigación “NIMBY is Beautiful” editado este año
2015 por Carol Hager y Mary Alice Haddad).
Volviendo a lo
nuestro, del Valle de Tambo. Diferentes personalidades han participado con sus
argumentaciones en los periódicos, mis colegas economistas, sociólogos,
ingenieros y militares, entre otros. Realmente me quedé impresionado, cuando un
colega hacía referencia al proyecto Tía maría y decía que: “…viene con la yapa
del yacimiento denominado La Tapada”. Sonaba sarcástico. Agregando luego que los
pobladores tenían: “…la consigna de impedir el crecimiento del país y
posteriormente tomar el poder”. Esa afirmación me pareció más increíble
todavía. ¿Dónde estamos? ¿Se está escribiendo en serio? Me preguntaba.
De igual manera,
en algunas entrevistas que coincidentemente aparecían publicadas en el momento
de los intentos de diálogo, aparecían respuestas como: “cualquier inversión es
bienvenida, venga de dónde venga”. Solo esa forma de responder me inquietaba
sobremanera, porque como país, tenemos el derecho de ser de alguna forma selectivos.
No es posible, abrir las fronteras a todo y de dónde sea. Además, las
inversiones no necesariamente traen calidad de vida. Unido a lo anterior,
contestaban también, que los estudios de impacto ambiental “habían pasado por
todos los estándares internacionales” Naturalmente, no estaban diciendo la
verdad como ya sabemos. Entonces, observé que obviamente cada uno tenía su
forma de plantear las cosas, y también asumían una posición social. No faltaron
otros, que exagerando y haciendo uso de la información estadística del Banco
Central, sostenían que el porcentaje del sector minero en el producto bruto
interno peruano era el mayor.
Mucho más me
inquietó cuando el sábado pasado 23 de mayo, apareció un artículo en el
Comercio sobre el problema de Tía María, firmado por un colega economista y
autoridad rectoral universitaria. En el tercer párrafo del artículo, página 6,
dice: “En el caso específico de Tía María…para mediados del 2013, la Oficina de
Servicio de Proyectos de las Naciones Unidas – UNOPS – indicó que tales
observaciones habían sido subsanadas” Estuve impresionado, porque nada de eso
es verdad. ¿Cómo se puede equivocar una autoridad rectoral? ¿Un error? Lo
cierto es: En el año 2011, 15 de marzo, la UNOPS hace 138 observaciones al
primer estudio de impacto ambiental (EIA) del proyecto Tía María. Para
noviembre del 2013, la empresa Southern presenta otro estudio explicando de
buena forma como mejorar las observaciones. Aunque hay varios cuestionamientos,
es en agosto del 2014, donde el gobierno peruano considera que el nuevo
documento subsana todas las observaciones. Pude ver los documentos en la página
web del ministerio de energía y minas, y
a todas las observaciones se dice:
superado. Nada más. Con razón le resta confiabilidad, seriedad y
profesionalismo.